El extraño caso del LOUVRE ABU DHABI…

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LOUVRE ABU DHABI

ABU DABI, Emiratos Árabes Unidos — Hace una década, el arquitecto francés Jean Nouvel trazó un domo con relieve sobre un papel delgado. Hoy en día esa cúpula enorme de metal plateado se erige por encima de la arena desértica y el golfo Pérsico: es el símbolo que representa al nuevo museo Louvre Abu Dabi y las ambiciones globales de Francia y los Emiratos Árabes Unidos por usar el arte como una herramienta diplomática que llaman “poder blando”.   La historia del museo también es turbulenta: una saga de recesión económica, caída de precios del petróleo, tensiones políticas regionales y duros debates intelectuales entre los franceses sobre los riesgos de prestar sus tesoros nacionales a Medio Oriente a cambio de petrodólares. A través de todo ello el Louvre Abu Dabi ha acercado a Oriente y Occidente, además de unir a los fragmentarios museos nacionales franceses, que contuvieron su envidia y su ego para cooperar en el proyecto negociado por dos gobiernos.

Visitors will be able to arrive by land or sea and wander the “streets” of this cultural enclave, which features a children’s museum and research centre in addition to the main museum. Just under half of the 55 individual buildings are dedicated galleries, which will house both the permanent collection and temporary exhibitions, along with commissions by Giuseppe Penone and Jenny Holzer. The latter collaborated with Nouvel to create a piece that exists within the architectural facade. “To build Holzer’s work into the very skin of the building is not decoration,” says museum director Manuel Rabaté. “It is the best way to illustrate the strength of her involvement.”

El acuerdo fue firmado por Renaud Donnedieu de Vabres, entonces ministro de Cultura francés, y por el Sheik Sultán bin Tahnoon Al Nahyan. El arquitecto elegido, que presentó en el acto una maqueta del futuro museo, fue Jean Nouvel —autor del Instituto del Mundo Árabe y el Museo del muelle Branly en París— y el desarrollo del proyecto competería a la ingeniería internacional Buro Happold.7​8​ Francia sería la responsable del asesoramiento en las áreas de diseño y construcción del edificio y de desarrollar el proyecto científico y cultural del museo. Desde la inauguración del museo y durante los siguientes diez años, el Louvre Abu Dabi recibirá en préstamo obras de las colecciones francesas (300 en el primer año, 250 a partir del cuarto año y 200 desde el séptimo al décimo año).2​ Del mismo modo, durante quince años, Francia proporcionará anualmente al Louvre Abu Dabi cuatro exposiciones. Por último, ayudará al museo a crear una colección propia para ir reemplazando progresivamente las obras en préstamo de los museos franceses. Los Emiratos Árabes Unidos, a su vez, se comprometieron a aportar alrededor de 700 millones de euros (944 millones de dólares)3​ en treinta años, que beneficiarán a los socios del Louvre y otros museos participantes en la operación. Para aplicar este acuerdo de cooperación cultural, Francia ha creado una estructura específica, la Agence France-Muséums, cuyos accionistas son una docena de establecimientos culturales franceses. El contrato prohíbe la creación de cualquier operación similar con el nombre de Louvre en cualquier otro de los emiratos de los EAU, Arabia Saudita, Kuwait, Omán, Baréin, Catar, Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Irán o Irak.9​ El presidente francés Jacques Chirac elogió el acuerdo con Abu Dabi, al afirmar que reflejaba «una cierta idea del mundo» en la que cada parte, «orgullosa de sus raíces y de su identidad, es consciente de la dignidad igual de todas las culturas».10​11​

El Louvre de Abu Dabi es el resultado de un extraño acuerdo gubernamental celebrado en 2007 entre Francia y esta joven monarquía rica en petróleo situada en el golfo Pérsico. Los EAU están arrendando la poderosa marca Louvre por 400 millones de euros (cerca de 464 millones de dólares) por más de 30 años. En total pagarán 974 millones de euros por el conocimiento, la orientación y los préstamos museográficos franceses. A cambio, 17 museos e instituciones francesas enviaron 300 obras de arte a Abu Dabi este año, desde el retrato de Leonardo da Vinci La Belle Ferronnière hasta varias ninfas de mármol de Versalles. Los expertos franceses en museos también están aconsejando a los representantes en los Emiratos qué adquirir y organizando exposiciones temporales para hasta 15 años.   Desde que comenzó a gestarse el acuerdo hubo bastante controversia, dirigida por la veterana directora del Musée d'Orsay Françoise Cachin, que había presentado, conjuntamente con Jean Clair y Roland Recht, un foro en contra del proyecto el 13 de diciembre de 2006 en Le Monde.24​ A continuación, tramitaron una petición (amparándose en el derecho de petición de iniciativa particular francés), firmado por más de 4.650 personas, entre ellas muchos museólogos, arqueólogos, historiadores de arte, académicos y conservadores. En esa petición, la participación del Louvre en este «Las Vegas de las dunas» era considerada una «derivación terrible de la ética del trabajo de los museos» y se hacía hincapié en que «los museos no están a la venta».25​26​ El Louvre fue acusado de comportarse «como una corporación con una estrategia claramente definida: la maximización de sus ganancias».27​ El acuerdo final siguió suscitando gran controversia tanto en los círculos artísticos como en los académicos. Según Maymanah Farhat, «la controversia que ha surgido en Francia está dirigida por el historiador del arte Didier Rykner, uno de los más duros críticos del acuerdo entre Francia y los Emiratos Árabes Unidos».28​ En palabras de Didier Rykner, «hemos perdido una batalla, pero el combate continúa». Respuestas a las críticas[editar] En respuesta a esta polémica, Jack Lang, en un artículo publicado también en Le Monde el 1 de febrero de 2007,29​ tomó posición a favor de un proyecto que, según él, reflejaba el reconocimiento del talento francés en los países árabes. Según The New York Times, «Henri Loyrette, presidente y director del Louvre, ha respondido a las crecientes críticas de la nueva política del museo de establecer puntos de apoyo en el exterior argumentando que el Louvre no puede ignorar la 'internacionalización' de los museos».30​ En defensa del museo, declaró que: Es una tarifa justa por la concesión del nombre. Este rol tutelar merece una recompensa. Es normal. Henri Loyrette (9 de enero de 2007) No estamos vendiendo el legado y patrimonio francés. Queremos que esta cultura irradie las partes del mundo que la valoran. Estamos orgullosos de que Abu Dabi quiera llevar al Louvre allí. No estamos aquí para transformar la cultura en un producto de consumo. Renaud Donnedieu de Vabres (6 de marzo de 2007)31​ El Khalifa bin Zayed Al Nahayan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos y gobernante de Abu Dabi afirmó: Este es un logro importante en la visión de Abu Dabi de convertirse en un destino de clase mundial que sirva de puente entre las culturas globales. Este acuerdo fortalece aún más el diálogo internacional, que abarcará a todas las culturas. Esta iniciativa es un hito singular en la cooperación internacional y en las relaciones bilaterales y un tributo a los lazos de amistad de larga data que nuestras dos naciones han disfrutado. También crea un entorno enriquecedor para ser atesorado y para educar a las generaciones venideras. Críticas a la contratación de trabajadores Por otra parte, la organización de derechos humanos Human Rights Watch ha documentado violaciones de los derechos de los trabajadores migrantes que trabajan en la construcción de la isla de Saadiyat.​ En su informe de mayo de 2009, titulado "'The Island of Happiness': Exploitation of Migrant Workers on Saadiyat Island, Abu Dhabi",​ Human Rights Watch revela que los trabajadores inmigrantes (indios, bengalíes, etc.) son regularmente maltratados por las compañías de reclutamiento en sus países de origen, donde deben pagar primas exorbitantes de contratación, con falsas promesas de altos salarios. Estos trabajadores son presas de un sistema de «patrocinio» establecido por los empleadores de modo que no puedan salir de las obras en construcción sin ser deportados a sus países de origen. A pesar de una ley que lo prohíbe, sus pasaportes son confiscados por los empleadores, no pueden negociar colectivamente y el derecho de huelga no se reconoce en los Emiratos Árabes Unidos. La organización había pedido a las instituciones internacionales que tienen intereses en la isla de Saadiyat, como el Louvre, que obtengan garantías de que las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos respetarán —de acuerdo a los estándares internacionales— los derechos de los trabajadores que construyerán tales edificios de renombre.
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