Nuestro APORTE CULTURAL…al CAMBIO…con ESTACION CONSTITUCION

0 175

Cuando L.Marcelo López Conde escribía este CUENTO ; que lo encuentrás en esa TRILOGÍA de los CUENTOS INMOBILIARIOS I , II . III ; no imaginaba que terminaría este  2015 con un SOPLO de ESPERANZA...y ÉL como ser TEMPLADO en los CAMINOS de la VIDA nos regala este APORTE …al CAMBIO…con..

ESTACION PLAZA CONSTITUCIÓN

 Dibujo Pza Constitución (1)

 

Natalio Raggazzo estaba parado en el filo del balcón, arriba de la balaustrada. Desde la tercera planta orinaba apuntando hacia la puerta de entrada del edificio, en Lomchamps -a las afueras de Buenos Aires-, mientras el oficial de justicia, la policía y los ayudantes pasaban retirando muebles, objetos de valor y todo lo que se pudiera embargar.

   -¡Llévense todo!... no se llevarán mi esencia… ¡Hoy nace un hombre nuevo! –les gritaba Natalio. Era un hombre de un metro ochenta de altura, fornido, pelo con rulos y electrizado como Einstein, morocho, cachetes colorados, voz gruesa y manos -como diría su futuro marchand- “con un racimo de pinceles”. A los cuarenta años le había llegado la crisis más grande de su vida: junto a los muebles, el televisor y las pocas cosas de valor que quedaban, se iban su mujer y sus dos hijos. -¡No soy un fracasado! -y, con una voz que hacía temblar al oficial que ya había decidido llamar al Comando Médico para pedir ayuda, agregaba -estuve equivocado mucho tiempo hijos, pero su padre… ¡R-E-N-A-C-E-R-A! Natalio giró y vio su imagen reflejada en la ventana; se notó más gordo. Su cuerpo temblaba pero su lucidez seguía intacta. Fue ahí cuando decidió regresar. El camino iba a ser largo, duro y desconocido. Se bajó de la balaustrada, recogió sus cuatro petates y descendió, envuelto en angustia y un llanto muy silencioso, llevando su bolso cual marinero. Abajo, lo esperaban los paramédicos y los oficiales de justicia. Desde la ambulancia vio, a lo lejos, marcharse a su mujer y a sus dos hijos aferrados a la falda de Juana. Cuando lo dejaron partir, cogió la bolsa y comenzó a caminar. Era invierno y el frío lo sorprendió al llegar a la estación Plaza Constitución. Se sintió muy solo entre la multitud que circulaba apresurada por ese gran intercambiador. No tenía un duro y su corazón latía muy fuerte. La realidad lo cacheteaba sin piedad y él, estoico, aguantaba los golpes como Rocky. Al ver a un mendigo pidiendo monedas, se acercó a él. -Dime Howard -pues lo veía igual al famoso multimillonario Howard Hughes en sus últimos días: barba, pelo largo, uñas crecidas, flaco y nariz aguileña- ¿te rinde estar mangando [1] con este tornillo [2]? -¿Y vos quién sos? Te veo venir… ¡Pirate! [3]. Ésta es mi zona. -Soy Natalio. Acabo de llegar de lo que era mi casa y tuve el viaje en metro más largo de mi vida… -Pirate, tomatelás, que no puedo mangar… Vos tenés guita [4]. Tenés buena pilcha [5] para estar aquí. -Es lo único que me quedó, no más. ¿Cuánta guita hacés por día? -insistía Natalio. -Tomatelás flaco.       Durante un buen rato se estudiaron como boxeadores, hasta que Howard dijo: -Yo te bajo letra [6] pero vos me pagás diez pesos por día para compartir zona. ¿Te va?, para empezar… no está mal –y agregó- ¿Dónde vas a torrar? [7] -No sé, en la plaza supongo -respondió Natalio. -Diez mangos más por seguir bajando letra. ¿Trato hecho? -Ok. –dijo Natalio. -Ahora buscá un vaso de gaseosa, andá a la boletería y empezá a pedir limosna. Natalio encontró un vaso y comenzó a caminar el gran hall de la estación. Iba de un lado a otro, sin detenerse, recorriendo los bares, los teléfonos públicos, la boletería. Sólo se escondió una vez; fue cuando vio pasar a la gorda Rodríguez, vecina de la peor estirpe, que hubiera gozado al ver a Natalio pidiendo plata. Decidió entonces dejarse la barba; sería más difícil que lo reconocieran y además no gastaría en espuma ni máquinas de afeitar. ­­   -A ver Natalio… ya es hora de contar el dinero –propuso Howard y Natalio comenzó a hacer sonar las monedas dentro del vaso. -E inclusive tengo un billete de 20 pesos –decía, orgulloso, Natalio. -Veamos… ¡ohhh!... juntaste cincuenta pesos. Eso es suerte de principiante. -No está mal, ¿no? Pa morfar[8] y torrar alcanza. -Ya lo creo -contestó Howard. Luego de dividir y de que Natalio pagara su parte -o “peaje”como lo llamaba él- Howard le pidió que le acompañara; le mostraría su “dormitorio”. Ese gran centro intercambiador comunicaba el tren con el metro. Como había que bajar antes de que éste cerrara a las diez de la noche, se apresuraron a bajar las escaleras para pasar por las boleterías y llegar finalmente al andén del metro estación Constitución. -¡Qué raro…! -pensaba Natalio. -Acá hay que venir a última hora, es cuando hay poca gente -le decía Howard, mientras caminaban hacia la punta del andén donde aparecía la escalera para descender a las vías. Bajaron, caminaron unos metros y luego Howard dobló bruscamente. Natalio se encontró, de pronto, frente a un televisor encendido, una heladera, una mesa hecha con cajones de armario y dos hileras de asientos de coche del metro apoyadas contra la pared. -¿Te gusta Natalio? Es lo que hay… -¿Y cómo llegaste a esto? –le preguntaba a Howard un rato después. -No interesa cómo llegué –le respondió–. Y vos, ¿dónde dormís hoy? -Aquí, claro -dijo Natalio, estallando en una carcajada- ¡Ja ja ja! -¡Claro! –repitió Howard.     Natalio cargaba el pincel de pintura y lo estrellaba contra la tela; el color verde predominaba en la acción, luego le seguían el amarillo, el naranja, el fucsia. Su cara, su ropa y sus impresionantes manos eran todo color al compás de la música que brotaba de un aparato salpicado de acrílico rojo. Sobre la tela, Natalio, descargándose, se recargaba de una energía nueva, y cada pincelada, festejada con ganas, se transformaba en una finta de torero. Así, fueron apareciendo trenes, túneles, estaciones, luces, gente. Parecía poseído. Mientras tomaba la pintura con las manos y la hacía correr ligeramente sobre la tela, sentía fluir en él algo que lo transportaba. -¡¡¡Sí…, sí…, sí!!! –gritaba con toda sus fuerzas, con todas sus ganas. Por momentos, se limpiaba las manos en una toalla vieja, encendía el soldador, se calzaba las gafas y, de aquellos hierros y piezas de coches de metro abandonados, comenzaban a aparecer lagartos, tigres, jirafas… toda una fauna muy al estilo de Natalio Ragazzo. Muchos de los que dormían en las estaciones del metro comenzaron a acercarse a ese túnel convertido en estudio, a ese espacio en el que Natalio empezaba a encontrarse a sí mismo. Allí, envuelto en pintura y grasa, se sentía a gusto y los convidaba con un delicioso dulce de membrillo que él mismo preparaba. Sus rulos y su enterito azul, salpicado de colores, comenzaron a ser conocidos en el hall central de la estación Plaza Constitución. Le encantaba hablar con la gente que pasaba por allí presentándose como “el primer artista subterráneo”. Sus obras siempre hablaban de trenes, coches de metro, vías, hierros, luces y él era conciente de haber hallado un segmento, un estilo, de haber encontrado su propio sonido.   -Decime Natalio ¿cuánto tiempo te llevaría preparar diez telas como ésta? -irrumpió Howard mientras señalaba una de las más grandes. -Y… quizás diez días, tengo que mangar más pintura, más material. -Bueno, porque tengo una idea. -¿Qué querés hacer? -Quiero montar una exposición arriba, en la estación del metro. ¿Te va? -¡¡¡Guau!!! -estalló Natalio con un grito de alegría–, me encanta la idea pero ¿cómo avisamos a los medios y compradores? -Dejá que de eso me encargo yo, ¿ok? -aclaró Howard. -Bueno, averiguá y empiezo a trabajar -insistió Natalio. -Ok -dijo Howard metiéndose en la oscuridad del túnel rumbo al andén.   Encendió nuevamente el soldador para agregarle la oreja que le faltaba a un dinosaurio ya casi terminado, bajó las antiparras y ahí se concentró. A veces, lloraba por las noches descargando su angustia pero con su pintura empezaba a fluir otra realidad para Natalio. Los días que vinieron fueron de un trajín impresionante. Pintaba y pintaba y ya no sólo sobre la tela; su obra continuaba por la pared del túnel en el que brillaba un cartel que decía: Estación Dos Gatos, Natalio Ragazzo. Muchos usuarios del metro no entendían bien de qué se trataba aunque miraban con curiosidad lo que salía de allí; luces, flashes del soldador, paredes pintadas y   esculturas de hierro llamaban su atención entre tanta oscuridad y se fueron transformando en un ícono dentro de ese trayecto monótono que los llevaba a Plaza Constitución. Hacía días que Natalio no salía con el vaso a pedir monedas. Sólo le interesaba pintar, lanzando una tras otra las pinceladas verdes, naranjas, amarillas, blancas, rojas, azules; por momentos, tomaba la pintura con la mano y ¡plaf! la lanzaba sobre la tela, festejando con un grito de alegría: “¡¡¡Esssoooo!!!”. Y volvía a coger el azul y otra vez gritaba: “¡¡¡Ahííííííí!!!”. Ambas manos, colmadas de blanco con un toque de rojo, bailaban sobre la tela. Sus rulos estaban cada vez más locos y reía con estallidos que se oían desde el andén. Natalio trabajaba, fumaba mucho y tomaba mate. Finalmente, logró encontrar aquel color verde esmeralda tan deseado que, entre pincel, dedos y palma acabó en el mural al grito de: “¡¡¡Ya… ya… yaaaaaaaa!!!” Natalio Ragazzo había culminado su obra.     Para la gente que vive por la zona, Plaza Constitución es un mundo sucio de vendedores y mendigos en el que es necesario estar siempre alerta. Miradas densas y escrutadoras se cruzan en el aire. Bajo una arquitectura de estilo inglés victoriano de 1902 venida a menos, goteras, suciedad y bancos despedazados conforman el imponente hall central. Muchos de los pasajeros que suben a sus trenes y metros, y que forman una multitud de paso veloz y constante, viven en barrios cerrados o condominios con lujos y seguridad. Son las dos caras de un mismo lugar, lo definió el diario Clarín. En ese espacio, con ese entorno y con una convocatoria avalada por el Metro de Buenos Aires, Howard logró, con fecha 22 de diciembre a las 19 horas, la inauguración de la muestra “Dragón Metro”, del artista Natalio Ragazzo. Medios nacionales y extranjeros, atraídos por lo curioso del lugar y del tema, estaban presentes. Howard bajó al taller, por el túnel como siempre, para encontrarse con Natalio. El hall de Plaza Constitución explotaba de gente y medios periodísticos. Natalio, cuando lo vio entrar, le gritó: -Oiga… aquí no es la exposición, es arriba. -Natalio, soy yo Howard, que en realidad soy Ricardo. -¡¡¡No jodas!!! -exclamó Natalio. Howard se había cortado el pelo y las uñas y se había afeitado. Llevaba un traje azul con línea diplomática y camisa blanca con corbata gris. -Sí Natalio, soy yo. -Pero ¿de dónde sacaste esa pilcha ? -Fue lo poco que guardé. Yo era Corredor de Bolsa, quebré, pagué a todos lo que les debía y me quedé con un traje nada más. Hoy, sentí que algo nuevo me estaba pasando y decidí reencontrarme con Ricardo, mi verdadero nombre. Arriba hay tantos medios y tanta gente que creo que empezamos una nueva vida.     -Tuviste una idea excelente Howard, me encanta que haya gente. ¿Les avisaste a los mendigos de la Plaza? -Sí, vienen todos. -Oye… a esta sociedad que hoy comienza la llamaremos Los Dos Gatos. ¿Ok Howard? -Ok -respondió Howard. Luego, se estrecharon en un abrazo y Natalio hasta llegó a deslizar una lágrima. Se había puesto los pantalones de piel negros, una camisa blanca y tiradores y estaba listo para subir.     Pedro y Manuel seguían jugando mientras entraba el tren a la estación Plaza Constitución. Su madre les pedía, por enésima vez, que se quedaran tranquilos y no molestaran en sus asientos a los otros pasajeros. Juana se preguntó porqué no les había traído ese libro para pintar que a ellos tanto les fascinaba; no alcanzaba a comprender de dónde sacaban esa pasión por el dibujo y la pintura. Ellos siguieron saltando hasta que el tren se detuvo y abrió sus puertas. Juana comenzó a preocuparse cuando vio más gente de la habitual además de cámaras, micrófonos y cables. Pensó que llegarían tarde al cine y maldijo ese alboroto; quería darles una sorpresa a sus hijos y comenzó a apurarlos para que no se distrajeran. Camino al hall central, empezaron a ver carteles que anunciaban el vernissage de Natalio Raggazzo y al llegar allí encontraron una multitud rodeando las obras. En medio de todos estaba Natalio. Manuel, el menor de los hermanos, no resistió y, a pesar de los gritos de su madre, se metió entre piernas y culos hasta llegar a Natalio en el centro del hall. Sus ojos celestes se abrieron, enormes, al reconocer a su padre. -¿Qué estás haciendo? Natalio, sin dejar su pincel, giró, lo miró y sintió que su cuerpo vibraba. -Estoy pasando barniz a la obra. Cuenta la historia que en el vernissage -que es esto que estás viendo- el artista daba ante el público una última capa de barniz o vernis en francés, con lo cual daba por terminada la obra e inauguraba la muestra… ¿Comprendés hijo mío? -le había costado pronunciar esta última frase y un nudo en su garganta le impidió seguir. Dejó su pincel y levantó a Manuel en sus brazos. Pedro, a puro codazo, se abrió camino para llegar hasta ellos y unirse al abrazo mientras gritaba: -¡¡¡Mamá… es papá, mamá… es papá!!! Los tres sólo lloraban. Como aprovechando la situación, los ecuatorianos que bajaban del metro después de dar sus mini conciertos entre estación y estación con sus guitarras, quenas y parlantes, aprovecharon para cantar a la argentina Mercedes Sosa y ganarse unas monedas: Cambia lo superficial / Cambia también lo profundo / Cambia el modo de pensar / Cambia todo en este mundo / Cambia todo cambia… Juana compró el diario del domingo que traía la mayor oferta inmobiliaria; quería conseguir el piso con el que había soñado tanto tiempo. Se la veía más joven, más contenta y alegre que nunca. Se detuvo en un aviso: PLAZA CONSTITUCION: 4 dormitorios, salón, dependencias, garaje, luz, sol, a la calle, con vista a la International Metro Gallery de Natalio Ragazzo. Oportunidad: u$s 200.000. Llamar hoy Remax Connection 91 4381 906. Juana levantó el teléfono y supo que ése sería su hogar..   03                                                                                   FOTO:La fotografa Italiana amiga del autor... Traducciones del lunfardo porteño: [1] Pidiendo dinero [2] Frío [3] Márchate [4] Dinero [5] Ropa [6] Explicar [7] Dormir [8] Com
Tagged with: ,

Relacionados

Déjenos su comentario

Su dirección de correo NO será publicada. Los campos requeridos se encuentran marcados *

  • effexor
  • inderal
  • elavil
  • levaquin
  • plavix
  • tofranil
  • zetia
  • atrovent
  • lopressor
  • cardura
  • zetia
  • levaquin
  • lexapro
  • lopressor
  • zithromax
  • elocon
  • feldene
  • clomid
  • cialis
  • topamax
  • trileptal
  • cardura
  • motilium
  • diovan
  • keflex
  • trileptal
  • relafen
  • zofran
  • amoxil
  • inderal
  • cytotec
  • celebrex
  • ventolin
  • augmentin
  • reglan
  • lopressor
  • avodart
  • benicar
  • cytotec
  • benicar
  • benicar
  • norvasc
  • accutane
  • diovan
  • levaquin
  • cytoxan
  • zyprexa
  • periactin
  • zithromax
  • nolvadex
  • tricor
  • risperdal
  • risperdal
  • artane
  • detrol
  • lamisil
  • suprax
  • tofranil
  • carafate
  • proscar
  • detrol
  • elocon
  • singulair
  • ventolin
  • arimidex
  • ceftin
  • famvir
  • claritin
  • dilantin
  • sinemet
  • norvasc
  • hyzaar
  • seroquel
  • vytorin
  • lipitor
  • lariam
  • proscar
  • cytoxan
  • cialis
  • anafranil
  • norvasc
  • flomax
  • micardis
  • avelox
  • requip
  • avelox
  • ventolin
  • coreg
  • vermox
  • motrin
  • coreg
  • cleocin
  • effexor