PIM PAM PUM, un oasis en el mar de concreto.

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Estoy en el barrio de Belgrano. La avenida se agita a 2 cuadras. Cabildo encandila y marea. Es sábado a la noche. La gente va y viene sin parar. Camino Buenos Aires por Ciudad de la Paz, altura 2 cifras. Los autos suben por una loma de metal y desaparecen. Pensaría por un momento que se desvanecen tras el puente ferroviario. Paso un bajo nivel peatonal mágico, totalmente ornamentado por arte callejero. Me encuentro por fin en mi destino, es una selva personal. Al lugar lo rodea una reja verde, que se pierde en el follaje. Un farolito ilumina la calle. La puerta está entre abierta, no se escucha nada, salen dos chicos, son las 22:30, atravieso la abierta y llego a PIM PAM PUM.

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El ambiente es muy agradable, el clima es cordial. La gente linda se da charla amena, se escuchan acentos, españoles y latinoamericanos, en la antigua casa colonial adornada por el jardín de monte. Al final de la galería está lo que hubiera sido en su momento un garaje, ahora cocina y centro de operaciones de los gestores de este espacio.

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¿Qué es PIM PAM PUM? Un centro cultural, llevado adelante por un grupo de buenos amigos que disfrutan que la gente pase por su casa. ¿Cómo me recibieron? Con aplausos, porque es la primera vez que les vienen a hacer una nota. Es comprensible, llevan 3 meses establecidos en este lugar. La dinámica entre ellos tiene muchos más años y está pulida por la amistad.

Este centro cultural es parte de la consolidada escena independiente de la ciudad de Buenos Aires. Espacios multidisciplinarios, participativos y de mente abierta, a los que la legislación aún no acompaña del todo, pero eso no le quita la alegría a su gente. Particularmente PIM PAM PUM tiene espacio de yoga, teatro, exposiciones y música. El espacio es amplio y lúdico. Charlo en la galería fresca por las plantas con Camilo de Smokey Dusty Bones, mientras tomamos una cerveza. Él es Colombiano, y el destino lo trajo a Argentina, y acá se quedó. Su banda está formada por argentinos y franceses. Me dice que este es su lugar en el mundo, al menos por ahora.

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The Pocamadre es la primer banda de la noche, empieza con I shot the sheriff, cuando todavía algunos andamos por el patio. Fue un llamado a la justicia, así que nos fuimos al living de la casa PIM PAM PUM.  Nos sentamos en sillas y sillones, en el piso y donde pudimos. Es un living amplio. La banda está tras una arcada, rodeado de cuadros de la exposición actual. Los chicos del centro cultural se afanan en conseguir buenas tomas en video del trío que entretiene y rockea duro. La banda termina el show con la plegaria más rockera “dame más volumen  por favor. Que quiero oir más fuerte el rock & roll”.

Para escuchar a Smokey Dusty Bones nos trasladamos al patio, para que los vecinos no se molesten con el volumen, ya son las dos de la mañana, el tiempo pasó volando. Smokey es sofisticado, denso, con momentous a lo Johnny Cash. Dos guitarras, una voz femenina muy bella, y contrabajo. Ella con una coronita de flores a lo Lana del Rey, ellos como vaqueros urbanos, y la contrabajista como fuerza implacable y punto de fuga de las miradas. Todo fluye como en una película bella y feliz, con la banda tocando, un montón de jóvenes divirtiéndose, relajados, con amigos, con amantes…

Así es PIM PAM PUM, uno de esos lugares donde no hay dudas: hay que volver. Un oasis en el mar de  concreto.

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