TAZA DE CAFFÉ #3 (casos de la vida real)

Canta conmigo ♫ hay algo que te quiero decir y no me animoooo…♫

Esa canción me hubiera caído de rechupete esa tarde en la caffetería de la academia. Me tomó 4 semestres poder llamar su atención y ahora que la tenía no podía desaprovechar la oportunidad. Por fin la tenía a solas, sentados en la única mesa con 2 sillas en una caffetería vacía.

Estando frente a frente, empecé a sentir que tenía que  decirle algo importante, algo que jamás imaginé decirle en nuestro primer encuentro a solas… pero no me animo…♫

Bueno, una de dos: o junto toda la seguridad que pueda conseguir y se lo digo a lo «macho alfa» y me la hecho al bolsillo, o no le digo nada por esta vez con el riesgo de no volver a tener otra oportunidad como esta o el valor para hacer que vuelva a pasar.

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Ella habla y habla, se ve entretenida… se lo digo?…  bueno va!… no sería cortés interrumpirla. Bueno que termine lo que está diciendo y le cambio de tema; mejor dejemos que fluya, igual vamos hablando bien… pero ahorita salen todos de clase. Bueno supongo que con que nos llevemos bien desde ahora ya tengo por si la veo de nuevo… No. mejor de una vez y salgo de de la duda.

Tomé aire, mejoré mi postura y me acerqué por encima de la mesa, no mucho para que no se espante pero lo si suficiente para que ella lo note. Me disponía a jugármela toda y  hubiese sido así si no fuera porque sobre mi hombro izquierdo sentí la voz de un amigo…  uno de esos buena onda que siempre es inoportuno pero cae bien, y tras de él llegan los demás. Cuando caí en cuenta, ya había terminado la última clase y con ella mi tiempo. Me iba a hundir en la derrota cuando caí en  cuenta que ella no dejó de prestarme atención aún con los demás alrededor, y se empezó a sentir una energía rara, algo que invadió todo el edificio, y era tan fuerte que todos lo pudimos sentir, y uno a uno se fueron despidiendo de la manera más torpe posible y la caffetería volvió a quedar vacía sólo para los dos, los dos y mi amigo inoportuno que se tardó un poco en sentir la onda pero luego de un rato se fue.

Supe que ese era el momento y mi confianza había crecido lo suficiente como para hacerlo a lo «macho alfa» y echármela al bolsillo. Ella me quedo viendo como a la expectativa de algo, el tiempo se alcanzo a detener en su mirada impaciente porque sabía que tenía algo guardado y lo quería escuchar:  ….

 

… no se lo dije, por suerte no lo hice porque habría quedado como un tonto, y por suerte ella lo entendió, lo único que pude hacer fue cambiar el tema mientras sentía un fresquito por dentro,  por suerte no le dije nada y por suerte la tuve cerca, sólo así me pude dar cuenta que lo que se le venia en la nariz no era un moco sino parte de un piercing.

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