DANI RODRÍGUEZ y el rostro de DIOS…un CUENTO de…

Otro cuento de la BUENA PIPA  que nos hace LITO ZANARDI…este escritor de MODA que desde la ARGENTINA sube como manifestación EMPÍRICA de una LITERATURA simple, cercana y de barrio…

HOY con un FORMATO de cuento corto WHASEAPEADO…extraído de las ENTRAÑAS mismas de las LÍNEAS de la RED SOCIAL, que al igual que las PERLAS al enhebrarse conforma un MARAVILLOSO COLLAR digno de ser ADMIRADO..

Hete aquí su… 

 

“Daniel Rodríguez y el rostro de Dios…

Afirma Florio, el cronista del barrio de Pompeya de la ciudad de Buenos Aires, que desde niño quiso ser un hombre de letras. Lo consiguió, el cartel de la pizzería La 50 en Viel y Cobo —bautizada así por el número homónimo de la línea de colectivos que circula por Cobo— supo ostentar una de sus mayores creaciones artísticas. Sin embargo, aduce con cierta melancolía, aquel oficio noble basado en las infinitas formas posibles de las letras del alfabeto ya no le era rentable: me mató el Offset, suele lamentarse. Cambió, entonces, su oficio
por el de relator de historias con formato de crónica frente a diferentes auditorios: después de todo, señala, también se trata de letras. Y, sonríe pícaro, no se inventó la máquina que pueda fabricar un buen relato. Al menos no todavía.
Cierta tarde de otoño, Florio había sido invitado por miembros del centro cultural Músculo, Tesón y Entropía a brindar una charla para la gente del lugar. El sintagma, de vagas reminiscencias anarquistas y que es críptico y no menos cándido, pretende ser una metáfora de la comunión del trabajo y el pensamiento como la base de la naturaleza humana. El centro cultural está ubicado en Riestra y Arquímedes, una esquina pendenciera del barrio de Pompeya.

Florio arrancó la charla pretendiendo deslumbrar a los asistentes con una cita rimbombante: Borges asegura que el universo es una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. Es sencillo concluir que ahora estamos en uno de ellos, exclamó. Adivinó en algún rostro una velada expresión de inquietud ya que no una sonrisa. También se oyeron algunos disimulados bostezos.

Sin amedrentarse, Florio inició su relato contando que en ocasión de un paseo por las librerías de viejo del Parque Lezica, se topó con un ejemplar de la revista Mecánica Popular del año 69 que mostraba en la tapa la foto brillante de un Dodge Coronado. Entreverados entre las hojas de la revista aparecieron restos de papel Romaní con dibujos geométricos firmados por un tal Daniel Rodríguez y una enigmática mujer llamada Polti. El librero explicó que esa mujer —se abstuvo de nombrarla— era una bruja devenida en profesora de dibujo técnico que asustaba colegiales por el barrio de San Telmo. Como el librero se palpó el testículo izquierdo, Florio dedujo que, además de bruja, la Polti era yeta. Por eso imitó el procedimiento, aquella vez acompañando al librero, y luego frente al público del centro cultural, para escándalo de las señoras del barrio sentadas en la primera fila de sillas, que por si acaso se tocaron la teta del mismo lado.

Continuó Florio, frente al auditorio escaso pero también aburrido, que tiempo después, y de forma casual, el tal Rodríguez, arquitecto, le fue recomendado para la refacción del baño de un PH de su propiedad en el barrio de Flores. El arquitecto trabaja en un altillo sombrío en el pasaje Danel, en la barriada porteña de Parque Patricios. Sobre la mesa de dibujo, recordó, trazado sobre papel Romaní, se estiraba un paralelepípedo de proporciones desmesuradas.

— Estoy condenado—advirtió el arquitecto— a perfilar en el centro de esta martingala geométrica el rostro de Dios en cumplimiento de una brujería que me impuso la Polti. Cuando lo logre se romperá el encanto. Estoy cerca, susurró.  

Al escrutar las confusas líneas trazadas en el plano, dijo Florio entrecerrando los párpados, advertí que el rostro que se insinuaba era el del Negro Olmedo. Pero, se interrogó nuestro cronista, quién dice que Dios, en uno de sus numerosos modos de manifestarse, no se parezca al Negro.

Florio concluyó diciendo que huyó del lugar no por la extraña búsqueda del rostro de Dios sino por el elevado presupuesto por la refacción del sanitario.

Dicen, finalizó Florio, que el arquitecto sólo deja el altillo en las noches de lluvia. Se lo ve pasar manejando un lúgubre Dodge Coronado de pintura leprosa por las calles vacías de Parque Patricios.” 

Y como buen CUENTISTA Dn LITO ZANARDI hace las delicias de AMIGOS y no tan amigos…pero siempre caemos en aquel NO MENOS CELEBRE ….

COLORIN COLORAOOOO este cuento  se  ha  INMORTALIZAOOOOO

 

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CONTINUARÁ…

CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS

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