MIX de ACHURAS del DANUBIO …

MIX de ACHURAS del DANUBIO …

El magnífico multifacético ESCRITOR BIOQUÍMICO & BATERISTA con alto grado de HUMANIDAD el BON VIVANT Mr LITO ZANARDI, sigue trayéndonos… lo mejor de su MENÚ LITERARIO en esta EXQUISITA propuesta donde pone toda la carne a la PARRILLA en este…

“MIX de ACHURAS del DANUBIO …

En esa ocasión, Florio, el cronista del barrio de Pompeya de la Ciudad de Buenos Aires, regresó,  ya como invitado, al centro cultural Músculo, Tesón y Entropía. Como el nombre del sitio devenía de un antiguo, y tal vez oscuro, pasado anarquista, luego de saludar al público entonó la primera estrofa de Hijo del Pueblo “Hijo del pueblo te oprimen cadenas, y esa injusticia no puede seguir. Si su existencia es un mundo de penas, antes que esclavo prefiere morir”. Florio solía hacer cosas así para ganarse la simpatía del público. Por ejemplo, si sospechaba que su auditorio era afín al peronismo, entonaba la famosa marcha; si se trataba de adherentes al Ciclón, disparaba la cancioncita de la afición azul y grana: “Viejo club, San Lorenzo de Almagro, siempre fuiste, el seguro campeón”. Había quienes calificaban esa actitud como una clara vocación mercenaria al estilo de Groucho Marx: estos son mis principios, pero si no le gustan tengo estos otros. Otros, más benévolos, opinaban que Florio buscaba de ese modo ganarse la empatía de un público que no pocas veces le era arisco. En fin, sea como sea, aquella vez nadie recordaba el himno, ni mucho menos la razón por la que en un tiempo imposible unos anarquistas alucinados habían fundado ese sitio. Se sabe, el pueblo del barrio de Pompeya está afectado por una implacable enfermedad del olvido, por eso periódicamente se enfrenta a los mismos problemas con pésimos resultados, pero esa es otra historia.

 

Como la canción no había despertado entusiasmo, Florio decidió hacer una confesión personal, algo que solía darle algún resultado porque las personas suelen ser afectas al chisme.

 

—Cierta tarde, mientras caminaba por la Avenida Sáenz, experimenté una epifanía. Una voz me susurró, “Florio, pedazo de vago, vos debés servir a los demás”. Como estaba cerca de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, no tuve dudas de que se trataba de un mensaje divino.

 

Florio hizo un silencio teatral y miró hacia el cielorraso.

 

—Decidí entonces que sería mozo.

 

Se escucharon algunas risas apagadas entre el público pero Florio las ignoró.

 

—Entonces, para conocer más del oficio, y tal vez ofrecer mis servicios, me dirigí a una parrilla al paso en la esquina de Tabaré y Mom llamada “Comete mi morcilla”, de cierta fama en el barrio. El dueño, y parrillero, ofrece diversas delicatesen que suelen ser disfrutadas por los comensales, en especial taxistas y colectiveros de la línea 42. El lugar no era muy agradable, convengamos.

 

Alguien bostezó con elocuencia. Florio dirigió una mirada severa al público pero siguió con entusiasmo…

—En esa ocasión ofrecían como plato del día Mix de achuras del Danubio. Me inquietó esa mención, nunca supe que en las riberas del Danubio se criaran animales, vacas digamos, de dónde pudieran extraerse vísceras. El parrillero aclaró que él había vivido en esa zona en un tiempo remoto y que se las había rebuscado como cocinero de una compañía de teatro itinerante que practicaba danzas zíngaras. Entonces, aseguró, le habían pasado la receta de ese plato. El hombre trataba de sustentar ese comentario con un fingido acento eslavo, pero detrás de su seseo adiviné una inconfundible tonada correntina. Pregunté, algo sorprendido, por las particularidades del Mix del Danubio. El tipo aseguró que buena parte de su sabor se debía a la leña obtenida de los bosques aledaños al río. Había que ver maestro, mintió mientras me miraba fijo, cómo bajaba la jangada de abedules a través de Budapest.

 

Florio bajó la voz para crear suspenso.

 

—Probé con aprensión un trozo del Mix. Pensé en el meloso chamamé El jangadero, en el Gitano Sandro, y en que debía, sobre todo, irme de allí cuando pudiera: había reconocido entre los numerosos gustos que brotaban del Mix el inconfundible sabor acre del hierro, el dulzor del cobalto y el poderío cancerígeno del níquel, elementos que integran una de las triadas homólogas que alentaron a Mendeleév a formular su famosa Tabla Periódica. La presencia de esos metales sólo se explicaba porque la leña provenía no de las orillas del Danubio sino del Riachuelo, río que sabe contener todo el sistema periódico de elementos ¿Qué le parece?, inquirió el hombre con voz maleva.

Me sabe a mares, respondí con una sonrisa hipócrita.

 

—Que lo parió Don Florio, ¿qué hizo entonces?— preguntó una voz desde la segunda fila de sillas.

 

—Qué iba a hacer. Me fui rápido, silbando bajito, por Centenera hacia la Perito Moreno. No volví por allí…”

THE END…

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