RELATO DE LO QUE NUNCA SUCEDIÓ Por: Francisco Rodríguez-Prada

RELATO DE LO QUE NUNCA SUCEDIÓ Por: Francisco Rodríguez-Prada

Uno descubre ARTISTAS; de los bien llamados PLÁSTICOS; por esa FLEXIBILIDAD y MALEABILIDAD en la que se doblan pero no se rompen…esta es la DESCRIPCIÓN del GENIAL Dn ANDRÉS  DENEGRI un argentino al cual la PLUMA maravillosa de su colega el colombianísimo FRANCISCO RODRÍGUEZ PRADA, quien nos lo cuenta así…

 

“RELATO DE LO QUE NUNCA SUCEDIÓ
Por: Francisco Rodríguez-Prada

En el baúl de la abuela hay recuerdos…

Cómo se imaginaría usted una obra de arte cuya forma y contenido se presentan como un dispositivo para reflexionar en torno a la memoria y el olvido. Pensando en esto, me encontré en la extraña coyuntura en la cual mi hermana entra a mi taller con los resultados médicos de mamá. Le diagnostican enfermedad neurodegenerativa; Alzheimer y demencia nivel 4. Se le dificulta recordar eventos, se desorienta, presenta cambios súbitos de humor y falta de motivación. Especialistas sugieren ejercicios de memoria. Me desplomo en el diván. Cierro los ojos; mi figura cae de espaldas por el hoyo profundo de los recuerdos. Un prolongado pito sordo extingue el sonido del ambiente, permanece el olor asfixiante de enseres viejos y de tierra húmeda. Cierran con un portazo el aruñado baúl del cataléptico. Todo queda negro.

Abren el baúl de la abuela y veo con luz diáfana colores de diapositivas. Veo a mamá en un soliloquio macabro, recordándome mi infancia, llorando sobre mi tumba. Temía por el futuro de aquel niño que no hacía más que dibujitos e inventar meta-ficciones. Debía ejercitar su memoria para recordar algo útil y algún día ganarse la vida. Con este fin, mamá se valió de un juego, de un artificio que prometía reforzar la sinapsis y la neuro-plasticidad de la mente de su hijo. Juego mnemotécnico que involucra la repetición progresiva y en orden de varias cosas. También de procesos de asociación de signos para suscitar significados en diferentes campos del conocimiento. El juego se llama “El Baúl de la Abuela”. Juego metáfórico de aquél mueble en donde se van guardando y acumulando objetos viejos. En la medida en la que se van sacando se suscitan recuerdos de vida. El baúl como artefacto, como tecnología de la mente, se vale de la imaginación de los participantes. Se vale de las imágenes mentales de las cosas que se van figurando para ser memorizadas. Los adjetivos que describen esas cosas facilitan que sean recordadas. Así pues, el juego comienza con alguien declarando: “En el baúl de la abuela hay”… (tal cosa. Por ejemplo, una pelota amarilla). El siguiente participante repite: “En el baúl de la abuela hay una pelota amarilla (y agrega otra cosa)… y cuatro cetáceos adultos”. Otro participante dice: “En el baúl de la abuela hay una pelota amarilla, cuatro cetáceos adultos, y el suspiro de Cleopatra”. Alguien más agrega otra cosa; el siguiente jugador dice otra, y otra. Todas las cosas se deben ir recitando de una en una y en orden. Entre más absurdos y pintorescos sean las cosas se facilitará su recordación. Los procesos de semiosis que suscitan significados en diferentes campos del conocimiento se dan por las graciosas ocurrencias que se van dando a lo largo del juego. Un signo es cualquier cosa que comunica un significado que no sea el signo en si mismo. Por ejemplo, la imagen de cuatro cetáceos en un baúl connota significados de escala; cuatro ballenas no caben en un baúl a menos que aquél sea un acuario gigante en el ático de la abuela. También cabe la posibilidad de que sean cuatro cetáceos de juguete. Pero si el signo es la imagen del suspiro de Cleopatra; ahora se evoca el sentido emotivo que se le asigna al suspiro por enamoramiento o tristeza. Signo que conduce al objeto por el cual se está triste evocando a Julio Cesar y el conflicto imperial entre Roma y Egipto. Aquellos signos evocan otros signos en el ámbito de la historia, el arte y la cultura. La cadena de palabras e imágenes que van surgiendo a lo largo del juego, interrelacionan un sinfín de significados que refieren y connotan diferentes contextos. Significados que expanden el conocimiento y la imaginación de un niño o significados que refuerzan conexiones neuronales en un paciente con enfermedad de Alzheimer: En el baúl de la abuela hay una pelota amarilla, cuatro cetáceos adultos, el suspiro de Cleopatra, perfumillo de Dalmacia, gigolós etruscos, la nariguera de Zoroastro, el turbante de Mahoma, la lanza de Longinos, lágrimas de una madre por el deceso de su hijo y sus zapatillas a-go-go. Se trata de eslabones de palabras que suscitan un proceso de semiósis al estilo de Charles S. Pierce.

En el baúl de la abuela hay recuerdos y la exposición de un argentino…

Me despierto de mi ensoñación cataléptica y me encuentro nuevamente sentado en el diván. Había mucha luz a mi alrededor, afuera ya había escampado. Todo había sido una pesadilla con excepción del diagnóstico de enfermedad neurodegenerativa de mamá. Recibo un correo electrónico en donde un amigo argentino me solicita escribir una reseña de prensa tan crítica como benevolente. Reseña cultural para un célebre artista compatriota suyo que acababa de exponer en Artbo. Reviso detenidamente el comunicado de prensa emitido por la galería que lo representa, me gusta mucho lo que veo y leo la reseña curatorial. Me encuentro con los típicos textos de sintaxis ambigua o de licencia poética, que describen grandilocuentemente la obra y hacen ver en ella aquello que no existe. No obstante, la obra es muy buena por si misma y la coyuntura obliga a comentar su forma, su contenido y su función en el contexto de Artbo. Adicionalmente, cual sería mi sorpresa, al descubrir que aquello que leí sobre la obra tiene algo de relación con mi pesadilla cataléptica. Ambas se presentan como un dispositivo para reflexionar en torno a la memoria y el olvido. Afilando la nariz con malicia, le respondo un WhatsApp a mi amigo, aceptando la solicitud de escribir un texto “objetivo”. Entrecerraba los ojos, frotaba las manos y mi rictus apretado sonreía maliciosamente.

El pasado 27 de octubre la obra de Andrés Denegri fue exhibida y celebrada en la versión presencial de Artbo 2022. Denegri es un autor con importante formación en producción de cine experimental trabajando en ello hasta el año 2012. En los siguientes dos lustros ha incursionado en las Artes Visuales consolidando una galardonada trayectoria profesional. Sus instalaciones se caracterizan formalmente por la articulación de proyectores antiguos y pantallas, ensamblando andamios monumentales. Monumentos en donde la película de celuloide de 16mm no solo se proyecta como luz en elocuentes montajes cinematográficos, sino que sale de la máquina como escultura cinética abarcando el tiempo y el espacio. Denegri, selecciona cuidadosamente material de archivo histórico propiciando un diálogo reflexivo entre el cine, la literatura y la fotografía. Establece metáforas entre los antiguos dispositivos tecnológicos para preservar la memoria y los procesos de olvido y negación de relatos políticos historicistas. Propende por que el espectador resignifique la importante relación entre la memoria y la construcción de identidad en el presente. La galería Rolf Art de Argentina representa a Denegri en Artbo y dispuso para la venta las instalaciones Hierro y Tierra (2013) y Sobre el relato de la austeridad (2018), ambas pertenecientes a la serie Éramos esperados.

 

El contenido de la obra de Denegri presenta una intencionalidad específica de a cuerdo con su ethos cultural y el marco axiológico con el cual el autor entiende el mundo. Extrapolar su arte del ámbito sociopolítico argentino y presentarlo en ferias de arte internacional, hace que el contenido de su obra pierda vigencia política quedando fuera de contexto. Por ejemplo, La serie Éramos esperados propone una reflexión sobre las perspectivas políticas de la Argentina del siglo XX. El autor vincula imágenes de archivo apelando a símbolos fundacionales e identitarios como la primera filmación que hace el francés Eugène Py de La bandera argentina (1897). Denegri compone proposiciones críticas desde el montaje cinematográfico; corta, edita y yuxtapone fotogramas con el fin de articular un mensaje visual y así apelar a las emociones de sus compatriotas.

 

Para el público colombiano de Artbo del siglo XXI aquello le es ajeno; quizá suscite la pregunta por el origen del séptimo arte en Colombia. Se piensa en el camarógrafo francés Gabriel Veyre de la compañía Lumière incursionando y filmando toma-vistas por los territorios de la Gran Colombia. También se piensa en la familia Di Doménico desarrollando la industria cinematográfica en Panamá, Cali, Medellín y Bogotá. Todo esto inmediatamente después de los turbulentos años de la Regeneración, la derogación de la República Federal y la subsiguiente Guerra de los mil días. Dado lo anterior, la obra de Denegri en Artbo ha de ser analizada deconstruyendo temporalmente la unión intrínseca entre la forma, el contenido y su función. Vivimos en sociedades cuyo pensamiento está abocado al materialismo, en donde se trata al arte en relación con el bien útil de la cosa. Por lo tanto, la forma del artefacto y su función, adquieren un valor simbólico y económico en cuanto sean utilizables en ámbitos de mercado, agendas ideológicas o usufructo hedonista. Las instalaciones de Denegri, en tanto objetos despojado de su fin, se juzgan inevitablemente por el rigor de su manufactura y por sus características formales y estéticas. Es decir, por el gusto subjetivo y prosaico de aquél público que las observa. Me gusta o no me gusta: cuatro palos de andamio, tres viejos proyectores crujiendo y cintas de celuloide enmarañadas cinéticamente en pantallas proyectadas con efigies fantasmales…

 

 

 

 

 

Ahora bien, las instalaciones de Denegri, en cuanto artefactos, presentan una función y un fin expresando proposiciones conceptuales. Expresan un juicio crítico entre dos términos: la forma plástica de la obra y el mensaje que refiere su contenido. Se presentan como dispositivos artísticos para reflexionar en torno a la memoria y el olvido tal como el dispositivo lúdico del Baúl de la Abuela. Denegri se vale de retóricas expresadas en los contenidos de los montajes cinematográficos y en aquella otra información denotada por las imágenes fotográficas. Esto proyectado o yuxtapuesto al objeto escultórico-instalativo y sus cualidades estéticas, semióticas y simbólicas. Cada ítem de la obra puede tener un significado. En el caso del humilde baúl de la abuela, aquél es una cosa en nuestra imaginación. Carece de sustrato físico, cuerpo, figura y materialidad. Es irrelevante si se trata o no de un bello mueble Art Nouveau de la abuela burguesa de Duchamp. Basta con visualizar en la mente el universal de aquello que se entiende como baúl y sacar cosas imaginarias de él. Se dijo que los procesos de evocación semiótica y construcción de significados se dan por la yuxtaposición conceptual entre palabras e imágenes mentales: cuatro cetáceos y el suspiro de Cleopatra en el baúl. Lo fructífero del ejercicio semántico depende de la imaginación fértil del niño o la mente erosionada de un anciano. En el caso de la obra de Denegri, las capas de lenguaje visual se yuxtaponen y superponen propiciando eventos semánticos sustentados en la corporeidad y la figura de los trastos y artefactos escultóricos que articulan sus instalaciones. Los procesos de connotación de información se contraponen a lo anterior por la dialéctica que suscita la imagen proyectada cinematográficamente. Por último, la obra del autor reclama un valor simbólico de acuerdo con aquello otro que se dice de ella. El texto curatorial adulador, el texto urticario del crítico de arte, el comentario ingenuo y el like en redes sociales; todo ello suma o resta valor simbólico y económico al bien útil de la obra de arte.

En el baúl de la abuela hay recuerdos, la exposición de un argentino y la subversión semántica…

Se destaca la intencionalidad de Denegri por propiciar con su obra una reflexión en torno a la “memoria y su importancia activa en nuestro presente”. Esto, ya que existe una relación intrínseca entre la memoria, la identidad y el rol de la persona en sociedad. Es bien sabido que el arte, las industrias de entretenimiento, la mercadotecnia, los medios informativos y el historicismo, prefiguran imaginarios culturales de acuerdo con agendas ideológicas o comerciales. Foucault señalaría con vehemencia que el productor, el autor y el intelectual, ostentan el control de la episteme, el poder, y disponen del contenido de la obra. Se postula una representación de mundo que permea las prácticas, los discursos y devela el relato del deber-ser de la persona en sociedad. Reconfigura su ser ontológico en el sentido que condiciona la volición y la agencia del individuo. Hace de él un agente activo de cambio cuyo accionar afecta operativamente el ámbito y las personas con las que habita. El arte como dispositivo adjetivo a una agenda política, si no es transparente en su intencionalidad y sus valores, más que un aparato reflexivo, se torna en un pasquín de colonización propagandística. El cine ha sido desde sus inicios pionero en reingeniería social. Sin ánimo de ser exhaustivo, ejemplos paradigmáticos sobran. El director D. W. Griffith y la representación de la Doctrina del Destino Manifiesto y el ethos de la naciente república de los Estados Unidos de Norte América. Los montajes del propagandista soviético Sergei Einsenstein, en donde la contraposición dialéctica de planos cinematográficos connota una síntesis violenta y un relato ficticio de lo social como hipóstasis de lo real. La distinción entre forma y contenido al destacar la gracia, la sensualidad y la belleza en las formas del cine épico propagandista de Leni Riefenstahl a favor de los Nazi. El cine surrealista español al servicio de la revolución comunista como dispositivo de objetivación crítica de la realidad; destaca curiosamente la relación poética Dalí-Bueñuel-Lorca y la representación de la homosexualidad. El cine realista y neorrealista de Visconti y Pasolini representando la crueldad y la obscenidad para contrarrestar la noción idealizada de -lo real- por parte de los cineastas de Mussolini. El cine subjetivista y voluntarista de Bergman y la disputa cultural entre el protestantismo y el catolicismo. Los fallos de la Corte Suprema de Justicia de Norteamérica que incluyen las películas pornográficas y el entretenimiento para adultos dentro de la Primera Enmienda en la cláusula de Libertad de Expresión: Roth Vs. United States 1957, The people Vs. Larry Flynt 1977-1988; también la Comunication Decency Act de 1996, “regulando” la distribución mundial de la pornografía por Internet. Por último, destaca el proselitismo propagandista exhaustivo de la cultura Woke y el feminismo en las producciones infantiles y juveniles para cine IMAX y cine streaming en plataformas como Disney y Netflix. Si bien, los ejemplos anteriores todos gravitan en torno a la producción audiovisual, varias disciplinas de las Artes Visuales trabajan al servicio de las industrias culturales y las agendas políticas. Esto postula el problema ético no solo de la validez del marco axiológico desde donde el autor opera sino el mismo problema de la alteridad; de aquello que se hace del otro, con el rótulo artístico que se crea de él. Así mismo, el artista es producto del ambiente mediático en donde se desarrolla como persona. Aquél ambiente es producto y representación de -lo real-.

En el baúl de la abuela hay recuerdos, la exposición de un argentino, la subversión semántica y la reingeniería social.

Analizando la muy elocuente obra artística de Denegri se señalaron diferentes facetas que operan como dispositivos retóricos. Se demarcó la diferencia entre la forma, el contenido y la función del arte en un ámbito determinado. Se analizó la forma del artefacto desde la plástica artística; sus cualidades materiales, estéticas y aquello que su figura escultórica en si misma puede denotar. También se discutieron los procesos de connotación que eventualmente suscitan significados y dan razón del contenido de la obra. No obstante, es necesario diferenciar la forma-plástica de la forma-mediática. Del Baúl de la Abuela se dijo que en tanto cosa imaginaria poco importan los detalles de su imagen. No importa si es un baúl Art Nouveau o no, importa es su función mnemotécnica dadas las palabras que el juego evoca. Sucede algo similar con la obra en las Artes Visuales. Marshall Macluhan popularizó la declaración paradójica “El medio es el mensaje”. Sugiere que la forma en la cual se presenta el mensaje puede ser más importante que el mensaje en si mismo. Si con el término forma se refiere a su forma material, su forma-plástica, en efecto, ello suscita en la mente del observador, diferentes procesos cognoscitivos de intelección y de emotividad desde la semiótica y la estética. Un mensaje de T.Q.M. en la interfaz de un chat de WhatsApp produce un efecto diferente a un mensaje de -Te Quiero Mucho- en el papelito de la botella que flota en el mar. O el mismo mensaje en el papelito de la galleta China de la fortuna. O el mensaje manuscrito en caligrafía y en castellano antiguo en una carta con el papel quemado. O el mensaje tallado en la corteza del árbol inscrito en un corazón flechado. O el mensaje tatuado en el brazo peludo de un marinero borracho octogenario. O el mensaje escrito en un pendón colgado de una avioneta etc. Cada imagen suscita un modo de aprehensión de información y un estímulo diferente en el sistema límbico o en la corteza prefrontal del cerebro del observador. Consecuentemente, una reflexión en torno a la memoria histórica y el olvido connotada en una Instalación artística en Artbo, tendrá un efecto retórico diferente a un meme de Cristina Fernández de Kirschner en redes sociales.

En contraposición a esto, Macluhan también se refiere a la forma-mediática en tanto medio tecnológico como vehículo de la comunicación. La inmediatez de la información multimedia por medio de los dispositivos móviles y la cobertura tecnológica, cambian al individuo y por consiguiente a la sociedad. El ambiente mediático, las instancias digitales, propician un condicionamiento operativo que modifica la conducta del individuo involucrando a las personas en diálogos sociales de reafirmación. Me refiero a aquél fenómeno en redes sociales llamado echo chamber. Se disminuye el juicio crítico, aumenta la conformidad por el contenido del mensaje y el relato único. Se crea consenso de opinión en una aldea global. Los usuarios de smartphones invierten gran cantidad de tiempo en redes sociales generando adicción. Esto, dado al estímulo de recompensa neuroquímico en su sistema dopamínico en el momento de consumir contenidos. Contenidos que son solo una representación multimedia de -lo real-. No obstante, el consumo es real en las economías de la atención y en el e-marketing. La Big Data cambia al individuo y cambia su entorno; vuelve a cobrar vigencia la dialéctica trasnochada de Engels y de Gramci en la contravención de la supestructura de la cultura y de la economía para cambiar la sociedad. Macluhan postuló su teoría de la comunicación en la década de los 60s sin siquiera imaginar el Internet, la Inteligencia Artificial, el Metaverso o el Transhumanismo. Cobra relevancia la presente reflexión entendiendo que los creadores de contenidos son precisamente artistas digitales con especificidades disciplinares. Para concluir rememoremos y no olvidemos ejemplos actuales fáciles de corroborar, ejemplos en donde la construcción del relato de -lo real- se representa mediante la cobertura mediática masiva, el arte y la tecnología. “El medio es el mensaje”: Video de simulación de bombardeos sobre parís por parte del Ministro de Defensa de Ucrania con el fin de solicitar la restricción del espacio aéreo en marzo del presente año. Hologramas de Volodymyr Zelenskyy con camiseta ridícula de Star Wars invitando al lado oscuro de la fuerza. Disputas por operaciones de Falsa Bandera en la Toma del Capitolio por parte de hombres disfrazados de búfalo, metaleros desprestigiados, y gente de semiótica Antifa con disfraces de hillbillies Maga. Relato mediático y opinión unánime con respecto a Pandemias: estadísticas infladas, mercadeo farmacéutico, censura cientificista, derogación de los derechos constitucionales por parte de organismos supranacionales y control semiótico mediante el uso de tapabocas. Técnicas artísticas de photobashing e imágenes retocadas digitalmente en la prensa, falseando episodios reales de víctimas desplazadas de la olvidada guerra en Siria. Agenda propagandística de apalancamiento político por parte de ideólogos, directores de arte y creadores audiovisuales del Isis (Estado Islámico), en la producción de sanguinarias decapitaciones o instrucción militar de niños. “El medio es el mensaje”. Ejemplos patéticos y lujuriosos sobran. Harían sonrojar de pudor al mismísimo Aleksandr Solzhenitsyn.

Suspiro. Tengo los ojos aguados. Miro a mi alrededor; ya es tarde en la noche. Termino de escribir esta reseña de crítica cultural y artística. Sigo sentado en el diván con mi laptop sobre las piernas. Debo dormir antes de realizar la corrección de estilos. Preparo un te caliente con jengibre y limón y convido a mi madre quién sufre de enfermedad neurodegenerativa. Le beso la frente y procedo a servirle sus galletas preferidas de mantequilla con las letras T.Q.M.. Hablando con la boca llena, le propongo que juguemos al Baúl de la Abuela. Comienzo declarando: “En el baúl de la abuela hay recuerdos”. Mi madre me mira y sonríe con amor. Responde; “en el baúl de la abuela hay recuerdos y el relato de lo que nunca sucedió…”

Qué tal esta SEMBLANZA con la calidad de un COLEGA que pinta de cuerpo entero a OTRO…

Que tiene esta HISTORIA en el RUBRO…

 

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CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS

 

 

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